Introducción: La Misericordia de Dios

Introducción

Queridos hermanos:

 

El invierno está pasando. Se aproxima la primavera para la obra. Estuvimos quietitos, encerrados en el recinto seguro del Corazón de Nuestra Mamá, calentándonos con su Amor y esperando que mejore el clima. El cierzo (viento frío y seco que marchita las flores) está dando lugar al austro (viento suave y apacible). EL Espíritu Santo está soplando y sacudiendo el huerto de las almas pequeñísimas. ¿Qué sucede cuando se sacuden las plantas que estaban quietas? Exhalan todo tipo de aromas según su especie. EL Espíritu Santo, cual nuevo Pentecostés, está llamando y movilizando a pequeñísimos de todas partes a salir de su encierro para iluminar y perfumar todos los ambientes.

Por eso, para estar unidos no solo en la oración, sino también en un mismo espíritu de humildad, pureza, pequeñez y amor, queremos iniciar una serie de meditaciones que, mensualmente se enviarán a todas las comunidades, junto con las últimas novedades, testimonios, etc.

EL libro de Jesús, María y Fabiana es un camino de transformación de esclavo – hombre – viejo a hijo – niño – amado. Es un proceso difícil y doloroso porque implica la muerte a una vida y el nacimiento a otra nueva.

Para adentrarnos en esta aventura es necesario saber cuán sostenidos, asistidos, consolados y amados seremos durante la marcha. Y para eso va esta primera serie de meditaciones mensuales: “La Misericordia de Dios”, “El Rostro Materno de Dios” y “Como si fuera el único…”.

Saber con cuánto amor fuimos creados, buscados, rescatados, redimidos, dejará fuera todo temor de entregarnos por completo a la Maternal conducción de María y nos preparará para alentar a otros a dar el primer paso consagrándose a Ella. Saber que, aun en medio de una transformación exigente, se nos tratará con dulzura e infinita paciencia, nos animará a decir: “Soy todo tuyo María, hacé conmigo lo que quieras”.

Dando inicio a la primera meditación, me despido hasta la próxima con cariño desde lo íntimo del Corazón Inmaculado de María.

La Misericordia de Dios

 

Se puede hablar por largo rato con elocuencia de la Divina Misericordia y aun así todo lo que se diga será inexacto. Dios está infinitamente por encima de toda expresión humana. Todo el saber humano, todo lo que el hombre puede conocer de Dios, comparado con lo que es Dios en esencia, es como no saber, es como ignorar. Como es infinitamente más lo que le falta por conocer de Dios que lo que en realidad conoce de Él, el sabio de Dios, piensa que no sabe nada.

Comenzar a hablar de la Misericordia es comenzar a hablar de Dios mismo. Para hablar de Dios tenemos que saber primero quién es, de acuerdo a la Sagrada Escritura.

«Moisés contestó a Dios: “Si voy a los hijos de Israel y les digo que el Dios de sus padres me envía a ellos, si me preguntan: ¿Cuál es su nombre?, yo ¿qué les voy a responder?” Dios dijo a Moisés: “YO SOY EL QUE SOY. Así dirás al pueblo de Israel: YO-SOY me ha enviado a ustedes”.»

(Ex 3, 13-14)

Dios ES Él QUE ES. ¿Qué quiere decir esto? Significa que no fue creado. Que existe desde siempre. Que nadie le dio ni le da vida porque tiene vida en sí Mismo. Él es LA VIDA.

« Yo soy la Resurrección y la Vida. EL que cree en Mí, aunque muera, vivirá.»

(Jn 11,25)

Dios ES EL QUE ES. Significa que más que tener en sí mismo todos los atributos en perfección, EL ES TODO ATRIBUTO PERFECTO.

El no tiene amor como un atributo personal, EL ES EL AMOR MISMO. Y todo el amor que derrama sobre sus criaturas es Él Mismo vertiéndose sobre ellas.

Él no tiene bondad como un atributo personal, EL ES LA BONDAD MISMA, y toda bondad que derrama sobre sus criaturitas es Él Mismo volcándose a ellas.

Él no tiene misericordia como un atributo personal, EL ES LA MISERICORDIA MISMA, y toda la misericordia que llega al hombre es Él Mismo penetrando amorosamente en la realidad humana.

Jesús a santa Faustina (1273): “Hija mía, ¿crees, quizá, que hayas escrito suficiente sobre mi misericordia? Lo que has escrito es apenas una gotita frente a un océano. Yo soy El Amor y La Misericordia Mismos…”

La Misericordia es un misterio y, como tal, no se puede entender. Sólo hay que recibirla, y contemplarla en sus obras.

Jesús a santa Faustina (699): “Mi Misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Cada alma respecto a Mí, por toda la eternidad meditará Mi Amor y Misericordia.”

Por esta razón no pretenderemos explicar la Infinita Misericordia de Dios, sino solo contemplar todo aquello que nos habla de Ella, para alabar, agradecer y festejar.

Jesús a santa Faustina (85): “Yo soy el Señor en Mi Esencia y no conozco mandatos ni necesidades. Si llamo a las criaturas a la vida, esto es el Abismo de Mi Misericordia.”

EL abismo de Misericordia no está dado por la magnitud o el tipo de obra que Dios realiza.

El Abismo de Misericordia está dado por el acercamiento amoroso del Ser Creador Infinito a la nada de la criatura sin necesidad ni obligación de hacerlo. Dios es infinitamente feliz en Sí Mismo. No necesita buscar la felicidad en algo o en alguien que no sea El Mismo. Nadie le agrega nada a Dios. Cualquier acercamiento al hombre, de parte de Dios, por ordinario que parezca a la visión humana, es Abismo de Misericordia.

Por lo general el hombre relaciona a la Misericordia de Dios sólo con el perdón de los pecados. Un pecador arrepentido es la manifestación más clara, para el ser humano, de la Misericordia de Dios. Pero en realidad todo nos habla del Dios que es la Misericordia misma.

Dios ES EL QUE ES. Él es EL TODO, en todo momento y lugar. Dios no emplea por momentos su misericordia y de a ratos su justicia. Dios no puede dejar de Ser ni por un segundo la Justicia porque dejaría de ser ÉL Mismo, EL Absoluto. Dios no puede dejar de ser la Bondad porque dejaría de ser el Mismo, EL TODO. Dios no puede dejar de ser la Misericordia porque dejaría de ser Él mismo, EL QUE ES. Si Dios deja de ser, desaparece todo lo creado porque su Espíritu sostiene y da vida a todo el universo. Decir Justicia es decir Misericordia y viceversa. Es decir Dios Mismo. Si, por gracia de Dios, entendemos esto, cambiará completamente nuestra visión humana de las cosas y comenzaremos a contemplar en cada hecho de nuestra vida, por insignificante que parezca, el Abismo de Amor y Misericordia de Dios.

EL aire que respiramos, por ejemplo, es abismo de Misericordia, abismo de Bondad, y también abismo de Justicia.

La Creación: Abismo de Misericordia

Jesús a santa Faustina (699): “Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi Misericordia”.

Las entrañas indican lo más profundo y personal del individuo. Intentando describir en términos humanos las entrañas de Dios, podríamos decir que son como una caldera, impenetrable, inexplorable, infinita, de la que fluye el Amor como océanos de lava incandescente. De allí salió la creación. ¿Tuvo Dios necesidad de hacerlo? No. ¿Alguien lo obligó? No. El Amor no puede más que amar. La creación fue un impulso inefable de amor espontáneo. Esto es abismo de Misericordia. Alabemos, demos gracias, festejemos.

La creación: Regalo de Dios para el hombre, su hijo.

11-03-96

J. ¡Pequeñísima! El universo es tuyo, pues para ti lo he creado.

EL hombre desconfía del amor gratuito. “Cuando la limosna es grande”…se dice.

EL hombre está acostumbrado a recibir regalos por méritos: “Si paso de grado me regalan la bicicleta, si me recibo me regalan la moto, si me porto bien me llevan al parque”. Con Dios es diferente. El Universo se le regala al hombre gratuitamente. No se le pide nada a cambio. De las entrañas de Dios surge la creación para el deleite del hombre (la infinidad de soles, planetas, galaxias, lunas y astros). Dios no le dice al hombre: “Te lo regalo pero a cambio tenés que servirme. La obediencia y fidelidad que Dios le pide es para su bien porque lo quiere tener con Él para toda la eternidad. ¿Necesitaba hacerlo, alguien lo obligó? El Todo se acerca a la nada y la ama. Abismo de Misericordia. Meditar esto con la gracia de Dios ya alcanza para hacer del día una fiesta.

«Antes del amanecer, Jesús vino hacia ellos caminando sobre el mar».

(Mateo 14, 25)

No está en la Biblia, ni en el Catecismo, pero por qué no creer que Adán y Eva antes de pecar también podían caminar sobre las aguas. AL no tener pecado, ejercían plenamente la condición de reyes de la creación. EL pecado entorpece, atonta, se pierde la gracia, la confianza, la fe. Jesús viene a decirnos que el hombre puede volver a reinar sobre la creación si se deja transformar por su Espíritu. Reinar sobre la creación no es solamente inventar naves espaciales y recorrer el universo. Reinar sobre lo creado es decirle al ciego que vea, al paralítico que camine, al enfermo que sane, a la tormenta que se calme, al río que pare de crecer, lo que hacía el padre Pío: estar en dos lugares al mismo tiempo. Reinar sobre lo creado es también dominarse a sí mismo, controlar los nervios, la irritabilidad, el mal genio, las pasiones.

«Si tuvieran fe del tamaño de un granito de mostaza, le dirían a este cerro quítate de ahí y ponte más allá, y el cerro obedecería, nada sería imposible para ustedes».

(Mateo 17, 20)

SI tuviéramos fe del tamaño de un granito de mostaza nos reuniríamos como pueblo, con nuestro pastor al frente, exponiendo al Santísimo, a rezar y le diríamos a ese volcán que amenaza con arrasar todo a su paso si hace erupción: “Eh, volcán, tranquilizate, relajate, controlá tus nervios”. Y el volcán obedecería.

También le podríamos decir al huracán:”Che, calmate, y andá a descargar tu bronca bien adentro del océano, donde no puedas lastimar a nadie”. Y el huracán obedecería. Lo dice Jesús en el Evangelio.

Dios saca al hombre de sus entrañas en un impulso de amor infinito y espontáneo y le da su poder para reinar sobre lo creado. ¿Tuvo necesidad, tuvo la obligación? No. Abismo de Misericordia. Alabemos, demos gracias, festejemos.

Dios crea al hombre: Abismo de Misericordia.

Si Dios crea al hombre de sus entrañas quiere decir que el amor con que fue concebido es tan grande que no se puede entender.

07-11-95

J. Mi Amor no se entiende porque es LOCURA.

Cuando una madre quiere expresar todo el amor a su hijo, y hacer notar lo que significa para ella, dice orgullosa: “Es el hijo de mis entrañas”. Dios nos dice a cada uno de nosotros: “Eres el hijo de mis entrañas y aunque no estes orgulloso de lo que eres, Yo estoy orgulloso de ti”. Meditar esta realidad con la gracia de Dios hace superar cualquier complejo que deprime al ser humano. También ayuda a no juzgar a los hermanos: ” Ese, que no se sabe de qué entraña salió, porque de las entrañas de Dios no habrá sido…” Ese, que tanta bronca le tenemos, ese, salió de lo más íntimo de Dios, de la caldera de Amor Infinito y está destinado a volver allí (si quiere) por los méritos de la Pasión de Cristo.

También ayuda a consolarlos si es el caso, a levantarles la autoestima.

Atención todo aquel que se siente disminuido, de pocas luces de inteligencia porque no tiene la capacidad de ser un genio de la computación, porque no es ministro o diputado, porque no sabe hablar con propiedad y se siente menos, porque no puede ser un famoso conductor de televisión, un famoso deportista; atención todo aquél que el mundo le hace sentir que es feo porque no encaja con los modelitos que nos muestra la televisión, atención todo aquel que se siente fracasado porque no puede conseguir trabajo, porque ya está grande y todavía no sabe qué va a ser de su vida.

Atención, Dios le dice a cada uno: “Ana, Noemí, Miguel, Martín, Mariana, sos la hijita/o de mis Entrañas y aunque vos no estes orgullosa/o de vos misma, Yo estoy orgulloso de vos y te Amo con el mimo Amor Infinito con que te creé”.

El hombre creado a imagen y semejanza de Dios: Abismo de Misericordia.

Se le dio superioridad sobre las demás criaturas, se le dio inteligencia, se le dio capacidad de amar, se le dio la capacidad de ser hijos, se le dio la eternidad.

Toda la creación salió de las entrañas de Dios pero solo el hombre tiene la gracia y está destinado a volver allí para caldearse eternamente en el Amor infinito. ¿Tuvo necesidad de hacerlo, alguien lo obligó? No. Abismo de Misericordia. Alabemos, demos gracias, festejemos.

Dios ama al hombre caído: Abismo de Misericordia.

Hasta el momento vimos a Dios, la Misericordia misma, amando y creando sin necesidad ni obligación de hacerlo. Dios amando al hombre perfecto, puro, obediente, fiel, creado a su Imagen y semejanza. Desde que entra el pecado en la humanidad, Dios, El Abismo de Misericordia, comienza a mostrar su rostro como nunca lo había hecho. Dios no cesa de amar al hombre manchado, desobediente, traicionero, egoísta, pecador. ¿Qué hace el hombre normalmente cuando alguien lo traiciona? Dice: “Hasta acá llegó nuestra relación”.

Cuántos padres dicen a sus hijos: “Te di todo, educación, comida, vestido, amor, y me fallaste. Ahora arreglátelas solo”. Dios pudo haberle dicho lo mismo al hombre y sin embargo siguió acompañándole sin sacarle los ojos de encima, con un plan de salvación delineado desde antes de la creación del mundo. (Catecismo 55).

Los diez mandamientos son abismo de misericordia.

Pudo dejar que descubriéramos solos el camino para volver a Él. Sin embargo nos mostró y facilitó la tarea. Dios da las claves para vivir con Él eternamente, no ya detrás del velo, sino dentro de la caldera misma de su infinita Misericordia. ¿Tuvo necesidad….

El Todo que sigue creyendo en la nada y se acerca a ella y la ama. Abismo de Misericordia.

Dios se hace hombre para salvar al hombre: Abismo de Misericordia.

«Miren cómo se manifestó el amor de Dios entre nosotros: Dios envió a su Hijo único a este mundo para que tengamos vida por medio de Él. En esto está el Amor: no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados».

Dios ya nos amaba desde antes de llamarnos a la existencia y ya pensaba en el camino que recorrería cada uno para llegar a compartir su Eterna Felicidad.

Hablar y meditar sobre el misterio de la encarnación no solo nos llevaría un día entero sino toda la eternidad. Por esa razón nos detendremos a reflexionar sobre lo que significó para El Verbo Eterno dejar su reino de perfección, bondad, pureza, armonía y generosidad sin límites para venir a un mundo de torpeza, malicia, depravación, caos y egoísmo. Imaginemos un rey lleno de esplendor y poderoso que deja su palacio para vivir en una cloaca por amor a las ratas que viven en ella. Infinitamente más ilógico es el Amor de Dios hacia la nada de la naturaleza humana. El contraste que existe entre lo que es dejar el Seno del Padre Eterno para venir a vivir al mundo, es infinitamente mayor de lo que demuestra el ejemplo anterior.

EL Hijo Eterno Amado de su Padre que acepta recibir lo que es contrario a su Esencia: el odio.

EL Amor Mismo experimenta en carne propia ser odiado.

EL Amor no es amado.

La Luz del mundo es perseguida por insignificantes criaturitas que tratan de apagarla.

La Verdad padece el engaño, la trampa, la mentira.

La Humanidad de Jesús sufre, la Divinidad contempla la pequeñez humana y se compadece.

A Aquél que es la Pureza Misma se le burlan y tratan de avergonzarlo, lo tildan de endemoniado. Todo por amor al hombre, su hijo.

La Sabiduría Increada que sostiene al universo entero como a un granito de arena, soportando los reproches y cuestionamientos a su doctrina.

Él, que con infinita paciencia fue creando el Universo durante millones de años, tolerando la impaciencia de hombrecitos que hasta lo ponían a pruebas para verlo flaquear.

La Dulzura Infinita al lado del hombre irascible, gritón, boca sucia, peleador.

A pesar de todas estas comparaciones, no tenemos la menor idea de lo que Jesús tuvo que tolerar de los hombres por Amor.

« Jesús respondió: “Gente incrédula y extraviada, ¿hasta cuándo estaré entre ustedes y tendré que soportarlos?»

(Lc 14 41)

«Qué es el hombre para que te fijes tanto en él y pongas en él tu mirada, para que lo vigiles cada mañana y lo pongas a prueba a cada instante»

(Job 7, 17-18)

Dios es el Amor y como tal, nos amó primero. Nadie puede amar primero que el Amor Mismo. Quiere decir que Dios nunca se creó expectativas favorables con respecto a nosotros que justifiquen su Amor. El no pensó: “Voy a esperar a ver cómo me responden para recién empezar a idear un plan de salvación”. EL Amor quiere ser amado pero por encima de todo quiere amar. Dios se hizo hombre y murió por amor al hombre y renueva su sacrificio en cada Misa hasta el final de los tiempos, sin esperar mérito alguno de parte del hombre. EL siempre ama primero. Esto es Abismo de Misericordia. Alabemos, demos gracias, festejemos.

Jesús no nos deja solos, se queda en la Eucaristía, nos envía al Espíritu Santo y nos da una Madre. Abismo de Misericordia.

Un hombre ve con asombro como un bebé, perdido de sus padres entre la multitud, se dispone a cruzar una avenida muy transitada. EL final será irremediablemente fatal si no lo salva. Este señor corre, mientras el niño ya bajó de la vereda y dio unos pasitos sobre el pavimento. Cuando un camión se acerca para arrollarlo, el señor alcanza al pequeño y con gran habilidad cruza al otro lado de la calle salvándolo. Luego de haberlo rescatado, el señor sienta al bebé sobre el cordón de la vereda y le dice: “Tengo que seguir mi camino, de ahora en más debes tener más cuidado, adiós”. Es evidente que al pequeño no le queda mucho tiempo de vida. Lo mismo nos hubiese pasado si Jesús no nos hubiese enviado al Espíritu Santo, no se hubiese quedado en la Eucaristía y no nos hubiese regalado a María.

¿Tuvo necesidad? ¿Alguien lo obligó? Abismo de Misericordia. Alabemos, demos gracias, festejemos.

Llegamos a nuestro presente. Dios y su historia de amor con cada uno. Dios que después de salvarnos nos quiere santificar. Nos quiere enseñar a vivir como hijos amados, nos quiere enseñar a reinar con Él. Para esto sólo pide la consagración a María, nuestro sí a la Madre para que conduzca con total libertad las riendas de nuestras vidas. Dios se manifiesta, a través del mensaje, como la Paciencia Misma. Todo el mensaje nos muestra el rostro paciente de Dios. Todo el mensaje nos marca La Paciencia de Dios y la impaciencia del hombre. Y esto es Abismo de Misericordia.

23-04-98

F. Pido al Padre Misericordia por los inundados. Él me dice:

P. Porque tengo misericordia es que están inundados.

No te preocupes hija por las inundaciones, es parte del Plan de Dios para recuperar a Sus hijos.

——————————

Regresar a: Meditando los Mensajes | Siguiente: Meditación 5° Encuentro de P.A.M.: El Clamor


Comentarios

Introducción: La Misericordia de Dios — 1 comentario

  1. ¡¡GRACIAS!! Esto es maravilloso. Pidamos al Señor que nos enseñe y nos ayude a difundir estos verdaderos mensajes de Vida.

    GD Star Rating
    loading...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>