Un Retiro hacia las cosas de Dios

Un Retiro hacia las cosas de Dios

«Zacarías dijo al ángel: “¿Cómo puedo creer esto? Yo ya soy viejo y mi esposa también” El ángel contestó: “Y yo soy Gabriel, el que está delante de Dios. He sido enviado para hablar contigo y comunicarte esta buena noticia, pero tú no has creído en mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo. Por esto, quedarás mudo hasta el día en que se realice todo esto que te he dicho”»

(Lucas 1, 18-20)

04-12-95

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J.  Entre los profetas de los tiempos previos a mi nacimiento estaba Zacarías. Un hombre muy justo, muy atento a las leyes del Señor y que supo conservar su fe y fidelidad a Dios a pesar de la adversidad de aquellos tiempos. Zacarías era un hombre justo a los ojos de Dios y su familia era muy religiosa. Pero él llevaba una espina en el corazón: su mujer no había podido darle hijos. Todo estaba en el Gran Proyecto de Dios. Todo cristiano lleva un estigma en el corazón hasta que la Gloria de Dios se manifiesta y el corazón queda curado, intacto.

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J. Yo, como Dios, podía ver el corazón de Zacarías fuera del tiempo. Lo conocía y veía el resentimiento que había guardado sin darse cuenta, porque pensaba que Dios no lo había escuchado. Por eso cuando el Mensajero le anuncia que va a ser papá, le cuesta creer: “¿Cómo puedo creer esto? Yo ya soy viejo y mi esposa también…” Más que falta de fe era un reproche. Y Dios igual lo bendijo dándole un hijo. Zacarías sabía que para Dios nada era imposible. Su respuesta al Ángel significó: “Ahora te acordás de mí que soy viejo”. Pero Dios ama igual a todas sus criaturas, amó también a Zacarías y lo bendijo. ¡Cuántas historias parecidas hoy día!

Cuántas veces nos cuentan historias que, aunque sean verídicas, nos arrancan expresiones como estas: “¡No te lo puedo creer!” “¡Es imposible!” No por falta de credibilidad, sino por asombro.

En este sentido se expresó Zacarías: “¡No te puedo creer! ¿Ahora? Después de tantas humillaciones, viendo a todos en el pueblo criar felizmente a sus hijitos. ¿A esta altura de mi vida cuando ni siquiera me puedo agachar? Estoy viejo, no se si tendré fuerzas para alzar al niño. Ni hablar de tirarme al piso a jugar con él. ¿Me estás cargando? Ya no tengo ni el vigor, ni la paciencia para educar a un hijo”. La noticia del ángel, más que incredulidad, sacó a la superficie el reproche que Zacarías mantenía oculto desde hace tiempo: “Siempre fui fiel A Dios, ¿por qué me hizo esto?”

Muchos cristianos piensan que, por ser fieles servidores de Dios, merecen ser escuchados y atendidos con rapidez por Él.

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F.  Pero el mensajero dijo que no pudo creer en las palabras del Ángel.

J.  Zacarías no pudo creer en el Amor que Dios le tenía. Tampoco pudo comprender que detrás de toda adversidad está el Plan de Dios. La naturaleza humana es limitada y no deja de aprender hasta el día de su muerte.

La historia de la salvación es una historia de Amor, por la que deben pasar todos. Dios ama a sus hijos y desea que su Plan se realice con la colaboración de sus hijos. La naturaleza humana no comprende muchas cosas. Vive en el tiempo y está sometida al tiempo y a las limitaciones propias del primer pecado.

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Podemos reprocharle a Dios: “Toda mi vida a tu servicio y recién ahora me enseñas que hay un gran proyecto, que solo debo ser como un niño y vivir el presente dejándome amar. ¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Por qué me dejaste tantos años vivir así? Hubiese sido mucho más feliz si me enteraba antes de todo esto. Tantos años perdidos”.

Dios tiene un plan para cada hijo y no mide el tiempo como nosotros. Veinte, treinta, cuarenta años al servicio de Dios, ¿qué son al lado de la eternidad?

De acuerdo a su Plan Santificador y Salvador para cada hijo y, a la vez, para el mundo entero, Dios manifiesta su Gloria, ya sea a los 12, a los 40, u a los 80 años de edad de cada hijo. Desde ese instante, no importa la edad, tenemos una eternidad para vivir como hijos–niños-amados. En el cielo nadie se pondrá a comparar: “Yo tengo una eternidad mas 20 años de hijo amado y vos solo tenés una eternidad mas 5 años de hijo amado. La clave está en aceptar la Gloria de Dios cuando se manifiesta, no dejar pasar la oportunidad.

Pero Dios siempre responde con amor los reproches de sus hijos.

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J.  Dios amó a Zacarías a pesar de su respuesta y porque lo amó permitió que quedara mudo. Y tuvo su encuentro personal con Dios durante ese tiempo. Y permaneció en silencio y pudo comprender muchas cosas según la Sabiduría de Dios.

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Muchos creen que Dios castigó a Zacarías por no creer en las palabras del Ángel. Dios no castiga, enseña con Amor, enmudece a sus hijos y los lleva al desierto para hablarles de su Amor, para enamorarlos instruyéndolos sobre su Proyecto de Amor. Los nueve meses de retiro de Zacarías habrán sido los más enriquecedores de su toda su vida. El los aprovechó. ¿Y cuánto los habrá extrañado luego de haber recuperado la facultad de hablar?

¡Cuántas situaciones en la vida que nos dejan mudos, paralizados! Inundaciones que destruyen todo cuanto tienen muchas familias. Casas zaqueadas por ladrones. Pérdida de seres queridos, sobre todo de hijos. Enfermedades graves. Rachas en que nos pasa de todo y no sabemos para dónde disparar. ¿Es Dios castigándonos o Es Dios invitándonos a ir al Desierto, para entender mejor un proyecto de Amor que está por encima de nuestros cálculos humanos? Es mejor padecer un enmudecimiento muchas veces desgarrador, que pasar toda la vida sin entender para qué fuimos creados, sin entender el Proyecto de Dios.

Puede surgir el interrogante: “¿Por qué Dios no nos lleva al desierto con más suavidad?” Es que el hombre es “alérgico al silencio y a la quietud”. Como los niños, se quedan quietos solo cuando están enfermos, con fiebre. Y la mamá aprovecha para mimarlos.

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J.  Y el ángel Gabriel dijo a Zacarías: “He sido enviado para hablar contigo y comunicarte esta buena noticia pero tú no has creído en mis palabras las cuales se cumplirán a su tiempo.”

Todo tiene un tiempo en el Maravilloso Plan de Dios, un tiempo exacto. Cuando la criatura se entrega de corazón a Dios debe saber esperar el tiempo de Dios. No es fácil a la naturaleza humana pecadora y llena de limitaciones, pero así y todo, Dios Padre va llevando amorosamente a sus hijos hacia la realización de su Maravilloso Plan de Amor.

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Solo comprendiendo el Plan de Dios, aunque sea en parte, se puede mantener la paz en medio de situaciones dolorosas. El plan de Dios se comprende en la intimidad con Él.  El Plan de Dios es superior a todo lo que podemos vislumbrar. Está por encima de nuestros pensamientos humanos.

La muerte de un ser querido puede ser un designio de salvación para toda la familia. Un niño que muere puede ser un designio de salvación para su familia actual, para alguno de sus vecinos, para compañeros de colegio, para alguien del otro lado del mundo, o, inclusive para varias generaciones futuras de su misma familia.

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J.  Zacarías no pudo comprender fácilmente la noticia del Ángel. Tantos años de servicio en el templo. Hasta que Dios lo deja sin habla pero le abre los ojos, y puede así comprender con claridad toda la verdad de los hechos.

Así pasó Zacarías retirado durante los nueve meses siguientes. Así debería ser la vida de todo cristiano: un constante retiro hacia las cosas de Dios para ir descubriendo su Rostro en todo lo bello creado por Él.

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Si el cristiano no mantiene un constante retiro hacia las cosas de Dios, va perdiendo de vista su Plan, entra en confusión frente a los acontecimientos de la vida, se desespera. No hay que dejar la intimidad con Él, no hay que perderle pisada a su Proyecto.

Así  como el proyecto de Dios se va ejecutando día a día sin demora, el retiro hacia las cosas de Dios también tiene que ser de cada día. De lo contrario sucede como en las telenovelas: cuando se la deja de ver por algunos días, se pierde el “hilo”, la trama de la misma y, por lo tanto, se va perdiendo el interés hasta que se la reemplaza por otro programa.

El enmudecimiento debe ser de cada día para no perder el interés por el Proyecto de Dios y comenzar a proyectar todo solo, egoístamente, desacertadamente. Hay que acudir periódicamente a la “Tienda de las Citas”.

«Entonces Moisés tomó la tienda de campaña y la plantó a cierta distancia, fuera del campamento. La llamó tienda de las citas divinas, y todo el que quería consultar a Yavé tenía que ir hasta allá. »

La Tienda estaba apartada del campamento, esto quiere decir que para hablar con Dios hay que retirarse, apartarse del ruido, silenciarse.

A veces pensamos que, por tener muchos años de vida consagrada, ya no nos  tiene que pasar nada desagradable. El Plan de Dios siempre tendrá nuevas etapas. Y el alma siempre necesitará retirarse hacia las cosas de Dios para comprenderlas. Hasta la hora de su muerte, Dios puede enmudecer al alma, a través de situaciones dolorosas, para llevarla a una comprensión más acabada de su Proyecto de Amor, para su paz, para su felicidad.

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J.  Y la historia se repite en cuántas personas. Y Dios sana los corazones heridos con Amor, como lo hizo con Zacarías, como lo hizo contigo, hijita chiquitita. Tu Jesús te ama por sobre todas las cosas. Una obra maravillosa estoy haciendo en tu vida y lo mejor aún no ha llegado. Yo te amo hijita y quiero hacer llegar mi Amor a todos, a través de estas sencillas palabras.

Hija, cuántas promesas te he hecho. Sin embargo tu fe muchas veces desfallece, igual que Zacarías.

F.  Bueno, Jesús, soy un alma pequeñísima, y mi fe es muy pobre. ¡Aumenta mi fe!

J.  Quedaste muda como Zacarías, así como él, has tenido tu encuentro personal Conmigo, mientras la vida de Juan se entretejía en el seno de Santa Isabel. Así Yo voy acompañando tus asuntos hasta que el tiempo se haya cumplido ¿comprendes? Y esta reflexión es para todos.

F.  ¿Y qué hago mientras tanto? Porque todo se realiza en el tiempo que Vos querés.

¿Por qué esta espera se me hace tan dolorosa? Me prometiste cosas que solo las guardo en el corazón, pero parecieran que nunca llegan. Me cuesta comprender tu designio.

J.  Yo soy Dios. Sabés qué está en primer lugar. Me agrada estar en tu vida por encima de todo. ¿Me lo vas a impedir? Un alma pequeñísima debe vivir así.

Zacarías e Isabel no podían tener hijos, eran de edad avanzada. Tú  pequeñísima ¿qué puedes tener? Nada, por lo tanto Yo debo darte todo. Esperas todo de Mí y haces bien porque Yo soy LA FUENTE.

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Comentarios

Un Retiro hacia las cosas de Dios — 1 comentario

  1. me parecen maravillosos y llenos de amor y humildad

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