Orando el Mensaje del 22-7-97

Orando el mensaje:
Señor, Amado del alma, origen y meta de cada criaturita creada por Amor como hija, quiero decirte siempre Sí; después sé que me regalas más confianza. Mi “Sí, Jesús, confío” alegra mucho Tu Corazón tan poco escuchado, tan amante y que siempre espera y siempre actúa.
Tu Obra nunca termina, aunque yo dude y no comprenda cuán profundamente tomas en serio cada instante de nuestro vivir.
Tu Amor me regala permanentemente, pero yo, mirando hacia el mundo, me desvío del Caminito de pequeñez y no siempre sé recibir y ver lo que me das, porque siempre, lo que me reservas es mejor, aunque no lo crea.
Dame el desapegarme de aquello que no me da paz, que turba mi corazón para cuidar el cielo que hay allí y que Vos pusiste con tu Gracia, te has ofrecido enteramente a mí, te he recibido en cada comunión, en la intimidad y quieres que hoy, nuevamente, me ofrezca a tu Amor, ofrezca mi humanidad. Por eso me pedís una confianza ciega y que diga que confío en tu Corazón Jesús, sí Jesús, confío.
¡Cómo me querés! ¡Cuánto! ¡De qué manera! ¡Con cuánta delicadeza y profundidad!
Haces morir mi yo porque tu Amor se impone y va ocupando su lugar, querés reinar en mí como lo hiciste en el Inmaculado Corazón de la que me diste por Mamá. Yo siento dolor por esa muerte cotidiana y muchas veces me resisto… por eso hoy, a instancias Tuya, vengo nuevamente a decirte “Sí, Jesús”, para así vivir mi paraíso de tu Mano. Este nuevo día es un regalo para mí, porque me has hecho Tu princesa.
¡Señor, me amas tanto que querés abrazarme con los rayos del sol, y acariciarme con la brisa suave! Y se nota porque el sol brilla y hace calor, calor de Tu Amor.
Dejo que tu Corazón descanse en el mío, sé que es un privilegio que das a las almas más pequeñas y débiles, dejo que tu Corazón descanse en el mío…
Seréname para escucharte. Para comprender cuánto amas a tus hijos… El ejemplo me lo diste con Fabiana “la que escucha” y así quieres a mi alma, escuchante de Tu Amor.
Soy chiquitita y para con los pequeñines abrís de par en par las puertas de tu Sagrado Corazón. Gracias!
Siempre triunfas Vos. Aunque el demonio me turbe, el triunfo es tuyo porque Vos SOS EL QUE SOS, el Creador que no puede más que darse por Amor, la Belleza que no puede más que embellecer, la Justicia que no puede más que armonizar, la Misericordia que no puede más que reconciliar. Es tanta tu Grandeza y tanta mi fragilidad… sabés de la confianza, entrega, libertad que me falta. Me quedo acurrucada en tu Corazón para ver tus maravillas y creerte hoy.
Me has concedido muchas bendiciones ¿No me darías más? Me has hecho amiga, hermana, esposa, hija. “Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo.” (Isaías 41, 8.) ¡Gracias, gracias, gracias!
Querés mi corazón alegre y creyente porque estás Vivo y porque vivís en cada corazón que te recibe. Dame la Gracia de que mi alegría y fe sean testimonio de Tu Vida en mí, Jesús. Mi Jesús, nuestro Jesús, tan mío y tan de todos.
Vos vivificas las almas con tu Sangre, que está viva y fluye. Vivifica a la Iglesia, Tu Cuerpo y a cada uno de nosotros, hoy. Vivifica lo que está dormido, errante, perdido, muerto. Venciste a la muerte, vence en mí, en nosotros, en la Iglesia, en la humanidad.
“Quien come de Mi carne vivirá eternamente”, dije en el tiempo y has cumplido Tu Palabra. Danos de Tu Pan… siempre.
Me abandono a tu Obra, a tu Amor, a Tu Querer y en ese Precioso Corazón abierto pongo hoy a mis hermanos y sus necesidades y te pido que ellos conozcan lo que es vivir de Amor.
Amén

“J. Quiero escucharte decir sí siempre; luego te regalo más confianza. Tu “Sí, Jesús, confío” alegra mucho Mi Corazón.
¿Ves que Mi Obra nunca termina? ¿Comprendes?
Tengo tanto que regalarte todavía. Tú quieres hacer sola algunas cosas y tu Amado te reserva otras, mejores todavía.
Desapégate de aquello que no te da paz, que turba tu corazón y cuida el cielo que hay en tu corazón.
¿Con quién quieres cumplir a costa de perder tu cielo? ¿Qué importan los demás cuando Yo quiero amarte?
¿Puedes preferirme?
Yo me ofrezco enteramente a vos, hijita.
¿Puedes confiar al punto de no preocuparte ya más por nada?
Cómo te quiero, hija…
El yo va muriendo a fuerza de golpes. Golpes que Yo mismo sano con amor.
¿Por qué tanta lectura? ¿Acaso no estoy en tu corazón y te hablo claramente?
Vive tu paraíso de Mi Mano. Este nuevo día es un regalo para ti, Mi princesa.
¡Oh, hija, cuánto te amo! Deja que te abrace con los rayos del sol, y te acaricie con la brisa suave.
Deja que Mi Corazón descanse en el tuyo. ¿Quieres estar serena unos momentos para que pueda hablarte?
¿Comprendes cuánto amor tengo para Mis hijos? Tú eres chiquitita y para con los pequeñines abro de par en par las puertas de Mi Sagrado Corazón.
Siempre triunfo Yo. Aunque el demonio te turbe, el triunfo es mío porque Yo SOY EL QUE SOY.
¿Qué quieres, hija? ¿Quieres pedirme algo?
F. Sabés la tentación que tengo en este momento.
J. Como vos misma lo decís, es sólo una tentación.
F. Pero me molesta.
J. Porque no confías lo suficiente. Quédate en Mi Corazón, pequeñita, y verás Mis maravillas.
Siempre y hasta ahora te he concedido lo que me pediste. ¿No te daría más? (Isaías 41, 8).
J. La alegría es tan importante en el cristiano como la fe en Mi Resurrección. Quien dice creer en ella, no puede ser una persona triste.
Alegría y Resurrección van siempre unidas, y Yo soy el autor de esta obra de Vida porque estoy Vivo.
Yo vivifico las almas con Mi Sangre, que está viva y fluye por Mi cuerpo como nunca porque he vencido a la muerte.
“Quien come de Mi carne vivirá eternamente”, dije en el tiempo y he cumplido Mi palabra.
J. Tú escribes y Yo actúo.” 22-7-97

(Maria Alejandra)

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